Extended set de Yanamaste: una noche de jueves en Laster

Madrid un jueves por la noche puede ser una incógnita, pero entrar a Laster pasada la 1:30 y ver la sala con tanta gente es una buena señal, sabes que la noche va por buen camino. La fiesta había arrancado con Shadow Hrym, pero llegamos cuando ya llevaba un rato Laia en la cabina.

Lo primero que te recibe es la oscuridad casi total: apenas se distingue la cabina, y de primeras ni siquiera ves quién está pinchando. Ese detalle dice mucho del sitio. Aquí no hay postureo: la gente viene a bailar y a escuchar, no a que la vean.

Laia estaba soltando un techno oscuro que llenaba la sala entera. Encontrar en Madrid una noche con DJs de este nivel y que, aun con la sala llena, te deje espacio real para moverte, es un lujo. No se puede pedir mucho más.

Cuando Yanamaste cogió el relevo, la cosa cambió de intensidad. Verle pinchar es ver a alguien completamente metido dentro de la música y de la gente: toca la mesa como si fuera una extensión de su propio cuerpo.

Según avanzaba el set, te ibas metiendo más en esa sintonía con el resto de la sala, ese instinto casi tribal de sentirte conectado con todo el que tienes alrededor sin necesidad de decir nada.

A media noche hablamos con una amiga italiana que nunca había estado en una fiesta con esta mentalidad. Le pregunté qué le estaba pareciendo, y su respuesta resumía perfectamente lo que hace especial a esta escena: aquí tienes tu espacio, puedes ser tú mismo y bailar exactamente como te apetezca, sin que nadie te moleste ni te mire raro.

A las 5:30 encendieron las luces, pillando a la gente con ganas de más. La mejor señal de que la noche se hizo corta. Fue nuestra primera vez en Laster, y desde luego no será la última.

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